Vientiane
A partir de aquí empieza la aventura por Laos, ya que hasta ahora todo fue muy sencillito y cómodo.
Una vez visto Luang Prabang tenía que volver sobre mis pasos hasta Vientiane y desde allí coger dirección sur para conocer también esta parte del país. Además tengo que cruzar la frontera para dirigirme a Cambodia y reunirme allí con Carina.
Hoy en día es «fácil» viajar, en el sentido de que en Internet lo encuentras todo o casi todo. Eso tiene sus ventajas pero también te hace perder un poco la magia de lo desconocido y de la aventura.
Leyendo un poco me enteré de que pasar la frontera de Laos a Cambodia es un poco de timo, allí no hay papeles oficiales que valgan, te cobran un poco lo que quieren, así que para evitar problemas y malos rollos, decidí parar en Vientiane y sacar el visado en la embajada de Cambodia, que según leí el tramite es sencillísimo.
Así que planifique el viaje de la siguiente manera. Cogería el autobús nocturno hasta Vientiane, sale a las 18:30 y llega a las 5:30 (11 horitas de nada que pasan volando), al llegar me iría a la embajada para solicitar el visado de Cambodia, la embajada abre a las 8:00; después haría tiempo hasta las 16:00 en que tendría que volver a la embajada para recoger el pasaporte ya con el visado; por último me dirigiría a la estación de autobuses para volver a coger otro autobús nocturno con dirección a Pakse, todo muy sencillito. Mientras hacía tiempo para recoger el pasaporte, visitaría un par de sitios de la ciudad.
El primer día cuando llegué a Luang Prabang me informé de los horarios y autobuses hacia Vientiane y me habían dicho que a las 19:30 había un VIP bus, perfecto pensé, ese cogeré. Por supuesto llegado el día ese autobús no sale, hay uno local a las 18:30, así que tengo que coger ese, ya que al día siguiente tampoco había VIP bus; cosas normales en Asia, aquí nada es lo que parece ni lo que te cuentan.
Una vez en la estación de autobuses, voy a la taquilla a que me confirmen el billete, le pregunto al chico si el autobús tenía aire acondicionado ya que en la agencia me habían dicho que si, aunque yo ya me imaginaba que no; y obviamente su respuesta fue que no, pero que podía abrir las ventanas, buena respuesta le dije con una sonrisa que él me devolvió.
A las 18:30, como un reloj, salimos con el autobús medio vacío, era el único turista a excepción de Sarah, una chica alemana que conocería más tarde, lo primero que hacen cuando el autobús arranca es repartir bolsas de plástico…
No sé porqué razón pero me encantan los viajes en autobús por Asia, me da lo mismo cuanto dure el viaje, los disfruto un montón, es maravilloso todo lo que ves en un viaje en autobús por estos países, es como si estuvieras dentro de una película. Así que en seguida me puse en plan disfrute.
La primera parte del viaje Luang Prabang – Vang Vieng es montañosa y con muchísimas curvas, pero muy bonita y con unas buenas vistas todo el rato que ya había disfrutado cuando hice el camino a la inversa, ahora era prácticamente de noche por lo que no había nada que ver. A los pocos minutos de empezar el viaje entendí para que nos habían dado las bolsas de plástico, por suerte yo nunca me mareé en un coche o autobús.
La primera parada fue a las dos horas, el conductor se bajó y con una manguera empezó a echar agua sobre las ruedas y frenos, para enfriarlos, la cantidad de vapor que salía de esas ruedas no lo había visto ni en una sauna, la gente aprovecho para ir al baño y yo para disfrutar de lo que estaba viendo. Una media hora para las 4 ruedas.
La siguiente parada fue para cenar, al cabo de otras dos horas y una vez más para volver a enfriar las ruedas, esta vez la parada fue de una hora. Aquí es cuando me doy cuenta que con el conductor viaja un chico con un fusil, una especie de «segurata», también había leído que a veces iban en los autobuses nocturnos pero nada por lo que preocuparse.
Con todas estas paradas ya solo faltaban 4 horas para llegar, así que con las cabezadas que fui dando el tiempo pasó volando y cuando me quise dar cuenta ya estábamos en Vientiane.
Al llegar nos estaban «esperando» 2 tuk-tuks para llevarnos al centro. Me subí a uno y ahí fue cuando conocí a Sarah, al ser los únicos turistas empezamos a hablar.
Me dijo que se dirigía al sur, como yo. Yo le expliqué que iba a la embajada de Cambodia a sacar el visado y ella me dijo que también iba a Cambodia, así que le pareció buena idea y se vino conmigo.
Ya en la embajada, que por cierto abría a las 7:30 en lugar de a las 8, nos atendieron de maravilla, éramos los únicos, así que la chica muy amablemente nos dijo que si esperábamos 5 minutos nos daban los pasaportes sin tener que volver a las 16:00, a lo cuál respondimos que como si es media hora la que tenemos que esperar, con tal de no tener que volver nos da lo mismo, como no aceptaban euros, nos fuimos a cambiarlos por dólares, los “billetes verdes” siguen mandando en el mundo, digan lo que digan. A los 5 minutos teníamos los pasaportes con nuestra visa cambodiana.
Entonces le comenté a Sarah que yo iba a visitar un sitio que había leído y me interesaba conocer y que después me iría a una cafetería hasta la hora de ir a la estación, iba a comprar el billete directamente en la estación, nada de agencias ni intermediarios y decidió venirse conmigo.

El centro COPE me impresionó muchísimo porque nunca podría imaginarme lo que allí me iba a encontrar:
1.- Laos es el país de la historia más bombardeado por número de habitante; ningún otro país en el mundo ha sido tan bombardeado como Laos. Difícil de entender ya que nunca ha estado envuelto en ninguna guerra
2.- Más de 580.000 aviones fueron enviados sobre Laos para bombardear el país. Esto significa un avión cada 8 minutos, 24 horas al día, durante 9 años
3.- Más de 2 millones de toneladas de bombas fueron soltadas en Laos durante la guerra de Vietnam, entre 1964 y 1973, esto significa más de 270 millones de bombas
4.- Al menos un 30% de esas bombas no explotaron y permanecieron en Laos después de la guerra
6.- Aproximadamente 80 millones de bombas sin detonar permanecen en todo el país después de la guerra
7.- Aproximadamente el 25% de los pueblos de Laos todavía tienen bombas sin detonar
8.- Todas y cada una de las 17 provincias de Laos tienen bombas sin explotar
9.- 41 de los 46 distritos más pobres de Laos tienen todavía bombas sin explotar
10.- Más de 50.000 personas han resultado muertas o heridas por alguna de esas bombas sin detonar durante el período de 1964 hasta 2011
11.- Más de 20.000 personas han resultado muertas o heridas por alguna de esas bombas sin detonar una vez terminada la guerra de 1974 hasta 2011
12.- Todavía hoy, aproximadamente 100 accidentes con heridos o muertes por bombas sin detonar ocurren cada año en este país
El área contaminada en Laos se estima en aproximadamente 87.000 km2, lo que representa más de 1/3 del país. La limpieza del país avanza a una velocidad de 40 km2 por año.
Para limpiar una hectárea, es decir, 100×100 metros se necesitan más de 10 días, que son muchos más si el terreno tiene una densa vegetación. La limpieza se realiza manualmente por trabajadores altamente entrenados y preparados para el uso de detectores de metales. Cuando una bomba es descubierta, se señaliza la zona y se prepara para su detonación.
Después de leer todo esto y de ver lo que allí había, me quedé un buen rato preguntándome el por qué. ¿Por qué un país que no había participado en ninguna guerra tenía este «estigma» para el resto de su vida?
Al salir le pregunté al chico el motivo y me dio dos. Un motivo fue para destruir el camino de Ho Chi Minh que transcurría por Laos y que usaban las fuerzas de Vietnam del Norte; y el otro y más doloroso motivo es que cuando los aviones regresaban de sus misiones y no se habían deshecho de todo su arsenal, tenían que tirarlo antes de regresar a sus bases y lo hacían sobre Laos. Tristísimo leer estas cosas. Todo un país marcado y destruido para varias generaciones, pero claro no vivimos en él y nos pilla muy lejos, así que…
El mundo es precioso y la vida maravillosa gracias a que el ser humano (cada uno de nosotros) tiene la habilidad de verse su «propio ombligo», lo que nos permite «aislarnos» de lo que ocurre a nuestro alrededor mientras no nos toque, es una especie de mecanismo de «autodefensa» sino no podríamos vivir, lo mismo ocurre cuando nos muere un familiar o un amigo muy cercano, por muy doloroso que sea al principio “siempre” acabamos superándolo para poder seguir viviendo. Pero la realidad es que a poco que mires a tu alrededor, las cosas no son ni tan bellas, ni tan bonitas.
Después de la visita y con el calor que hacía decidimos irnos a una cafetería, comer un poco y hacer tiempo hasta la hora del autobús, demasiado bochorno para ver monumentos.
A las 18:15 nos plantamos en la estación de autobuses, quería llegar con tiempo porque no sabía que me iba a encontrar y no quería sorpresas de última hora, tenía que irme hoy de Vientiane. A los 5 minutos ya estábamos dentro del autobús, enorme suerte, además un buen autobús, VIP, salía con dirección a Pakse a las 18:30, el trayecto nos llevaría 13 horas, pero no quedaba otra si queríamos ahorrar tiempo viajando por la noche.
Esta vez no hubo paradas para refrescar los frenos, ni “segurata” armado en el autobús, esta vez paramos sobre las 22:30 para cenar y posteriormente una nueva y larga parada a mitad de camino, durante una hora, en la que vaciaron el autobús de las mercancías que llevaba.
La estación parecía una feria, con muchos puestos de venta iluminados, gente durmiendo aquí y allá, todo esto a la 1:30 de la madrugada. Una genial sensación el ver y vivir todo esto, tú solo, a miles de km de tu casa y en medio de no sabes muy bien donde, a mi estas situaciones me hacen sentir que estoy vivo, me hacen sentir una enorme libertad y sobre todo me hacen sentir que estoy disfrutando de la vida.
De vuelta al autobús, veo que la parte de atrás está completamente vacía, así que para allá que me voy y me tumbo en la última fila todo a lo largo, nunca dormí tanto ni tan bien en un autobús y tuvo que ser aquí en Laos, me desperté 5 horas después…






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