Port Barton
Dormirte con el sonido de las olas, despertarte con el sonido de las olas y desayunar con el sonido de las olas del mar a solo unos cuantos metros… es algo que no se olvida fácilmente y si a esto le añades una maravillosa vista sobre el mar, con islas de fondo… entonces el cuadro es inmejorable…
Port Barton es un pueblecito de pescadores a mitad de camino entre Puerto Princesa y El Nido. Todo en Port Barton es muy auténtico y sencillo, los hotelitos o guesthouse, los restaurantes. Port Barton transcurre a lo largo de la playa más 2 calles paralelas a esta donde se distribuyen todos los alojamientos y restaurantes, pero manteniendo el sabor auténtico de lo que todavía no ha sido “devorado” por los turistas.
Solo hay electricidad de 17:00 a 24:00, igual que en Sabang, porque la producen los generadores. La carretera a Port Barton aún la están construyendo, todavía combina partes asfaltadas con tierra y barro. Aquí igual que en Sabang no hay bancos, ni nada que implique “modernidad”.
Port Barton es un sitio muy tranquilo que invita a relajarse y disfrutar de la vida… de la vida auténtica que cada vez existe en menos lugares y por eso son tan codiciados.
Aquí hay varias cosas que puedes hacer a parte de disfrutar del ambiente, del entorno y de sus gentes. Hay una cascada cerca de 27 metros de altura donde te puedes bañar y puedes alquilar un tour para visitar las islas cercanas y hacer snorkel.
Para llegar hasta aquí desde Sabang, el martes por la mañana elegimos la opción indirecta en lugar de la directa, como siempre hacemos.
Primero cogimos un jeepney que salió de Sabang a las 10:00 y nos dejó en el cruce con la carretera general a las 11:00, allí teníamos que coger el autobús que venía de Puerto Princesa y que nos llevaría directamente hasta Port Barton, este autobús llegaría sobre las 12:00, pero como no nos gusta esperar cogimos el de las 11:30 que iba a Roxas, por lo que allí tendríamos que coger un tercer vehículo que ya nos dejaría en Port Barton.
El autobús nos dejó a las 13:00 en el cruce con la carretera que va a Port Barton, unos 5 km antes de Roxas, por allí pasan todos los vehículos que van a El Nido y Port Barton por lo que no nos sería complicado encontrar alguno que nos acercase.
A los 15 minutos paró un Jeepney que venía de Roxas con dirección a Port Barton, así que lo cogimos. El jeepney iba hasta arriba, más que de gente de comida, cajas, bolsas, pero no hubo problemas en encontrar un hueco para nosotros.
Al poco de empezar a circular empezó a llover como si fuese el fin del mundo, así que la parte de la carretera que está sin preparar se puso casi impracticable con tanto lodo, pero poco a poco lo fuimos consiguiendo.
Tardamos una hora y media en recorrer los 23 km que nos separaban de Port Barton y cuando llegamos todavía seguía lloviendo, aunque ya un poco menos.
Como el pueblo es tan pequeño, lo recorrimos entero con el jeepney con la suerte de que pasamos por delante del alojamiento que buscábamos y nos paró enfrente evitándonos una buena mojadura.
Kiwi Lodge que así se llama el sitio tenía habitación disponible y nos gustó, así que sin más dilaciones nos quedamos, además como llovía no era momento para andar buscando otros sitios.
Ya lo primero que descubrimos esa primera noche es que aquí hay más “vida” que en Sabang, sobre todo al ir a cenar al restaurante local de “moda” porque estaba llenísimo, más bien se llenó al poco de llegar, es el más barato del pueblo, la calidad es excelente, tiene un menú amplísimo y las porciones que te ponen son más que grandes; así que es normal que “todo” el pueblo, sobre todo los turistas estén aquí metidos.
Al día siguiente, miércoles, nos levantamos con calma y buscamos un sitio chulo para desayunar frente al mar.
La casualidad hizo que fuésemos a parar al Busero Inn y el sitio nos encantó, bueno yo diría más que eso, creo que nunca estuve en un hotel con unas vistas más espectaculares, tienes literalmente el mar a tus pies y enfrente islas, un sitio increíble.
Como estábamos solos empezamos a hablar con la encargada, una señora encantadora y como no, acabamos viendo las habitaciones que aunque muy básicas y con baño compartido nos gustaron mucho, además solo había un huésped, por lo que lo del baño compartido, habiendo 2 baños, no era un problema.
Como no podía ser de otra forma Carina y yo empezamos a madurar la idea de mudarnos para aquí; así que después de hablarlo un poco empezamos con las negociaciones… como no llegamos a un acuerdo nos fuimos; por el camino seguíamos dándole vueltas al asunto y al llegar a nuestro alojamiento decidimos que debíamos mudarnos, Carina volvió a hablar con ella y volvió con una sonrisa, el acuerdo estaba conseguido, así que nos mudamos inmediatamente.
El hotel tiene unas vistas que voy a tardar muchísimo tiempo en olvidar, además la comida y el servicio del restaurante son buenísimos, creo que vamos a estar muy bien aquí. El restaurante está abajo y las habitaciones encima y delante de éstas un espacio para disfrutar de las vistas con unas hamacas muy confortables, vamos un “lujo” de sitio.
Una vez instalados nos fuimos a ver la cascada Pamuayan de 27 metros de altura que está aquí cerca y en la que te puedes bañar. El tiempo estipulado para llegar hasta ella es de unos 90 minutos.
En la oficina de turismo nos dieron una hoja con todos los detalles para llegar hasta ella, nos sirvieron 5 de las 11 indicaciones descritas en ella. Están construyendo una carretera y prácticamente todo el camino transcurre por ella, así que el papelito no nos sirvió para nada. Creo que sería más fácil si en la oficina de turismo te indicasen que sigas la carretera que están construyendo, no hay pérdida, sería lo más sencillo.
Al llegar a la cascada había una chica que había ido sola y sin ningún papelito, le habían dicho en su guesthouse que siguiese la carretera y las indicaciones que fuese encontrando… muy valiente ella. Se marchaba cuando llegamos, así que nos quedamos solos y nos dimos un chapuzón, aunque el agua no era muy apetecible porque no estaba clara del todo.
Otra de las cosas que se pueden hacer aquí es visitar las islas de los alrededores para hacer snorkel y disfrutar de sus playas solitarias y precisamente eso es lo que queríamos hacer al día siguiente.
En temporada alta los barcos van cargados de gente, hasta 16 personas, el precio es de 14€ comida incluida. Como siempre intentamos regatear para conseguir un mejor precio pero el precio es oficial, cosa que nos sorprendió bastante, después de informarnos bien, descubrimos que efectivamente funciona así, de hecho no le pagas a la persona del barco sino que lo haces en la oficina oficial.
Los chicos franceses con los que hicimos el río subterráneo en Sabang también están aquí, así que quedamos con ellos para hacer el tour juntos, seríamos los 4 solos en el barco, sonaba muy bien.
El jueves a las 9:00 ya estábamos subidos en el barco camino del primer sitio para bucear. Hay unos 4 tours diferentes, con 4 sitios en cada uno para visitar, evidentemente algunos se repiten, como era un tour “privado” nos hicieron un recorrido un poco especial mezclando sitios de diferentes tours.
El primer sitio en el que buceamos fue Twin Reef, buenísimo el sitio, un coral muy cerca de la superficie y en muy buen estado de conservación, estuvimos 45 minutos. El siguiente al que nos dirigimos fue Wide Reef, nada que ver con el anterior, mucho menos coral y poco que ver, así que nos fuimos en seguida.
La siguiente visita fue a una isla para recoger los alimentos que íbamos a degustar posteriormente. La isla sencillamente me enamoró, todas las casitas literalmente sobre la playa, una delicia de sitio, en ella viven 400 personas, todos pescadores por supuesto. Me pareció que retrocedía 50 años en el tiempo.
Una vez con la comida a bordo nos fuimos al sitio donde la íbamos a comer, Maxima Paradise, mientras la preparaban nosotros hicimos snorkel y visitamos los alrededores de la isla; paraísos perdidos que no hay forma de describirlos, playas desiertas llenas de palmeras con un agua totalmente cristalina.
La comida fue sencillamente deliciosa, arroz, noodles, pollo, pescado, ensalada, plátanos… Los pescados eran dos, enormes y por supuesto recién capturados, ricos, ricos, riquísimos.
A las 14:00 nos fuimos al Marine Sanctuary y allí empezó a llover, no lo había hecho en todo el día, de hecho habíamos tenido una mañana con un tiempo buenísimo. Una gozada estar dentro del agua mientras fuera cae una tormenta, el sitio elegido también era muy bueno y pudimos ver otra vez muy buen coral, aunque los peces seguían siendo pocos y fundamentalmente pequeños.
El último sitio del día fue Turtle Pass, un estrecho entre dos islas donde suele haber tortugas y efectivamente, nada más llegar ya las empezamos a ver, en total vimos 3 y con una estuvimos bastante tiempo mientras echaba una “cabezadita”.
Bastante satisfechos del tour regresamos a “puerto” a las 16:30, nosotros nos fuimos a la guesthouse para disfrutar de las vistas y prepararnos para cenar. El sol se pone justo enfrente, era ya lo único que le faltaba a este pequeño “paraíso”.
Mañana viernes, nos quedamos aquí, el sitio es demasiado bonito para irnos ya, todavía queremos disfrutar un poco más de estas vistas tan espectaculares que tenemos.
A mi me va a costar un montón irme, ya lo estoy viendo… aprovecharemos el día para hacer cosas en Internet y buscar información para el siguiente destino.












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