Pakse
Después de pasarme dos noches seguidas en el autobús, o lo que es lo mismo 24 horas, quería descansar un poco y la ciudad elegida para hacerlo era Pakse.

Pakse era el sitio al que quería llegar cruzando desde Vietnam, pero al final, al no ver claro como llegar a la frontera y teniendo el tiempo tan justo que no permitiría ningún error, preferí volar al norte y empezar el recorrido por Laos desde Vientiane.
Me esperaba una ciudad distinta pero me gustó bastante, hay buenos restaurantes y cafeterías y es muy fácil de recorrer, todo transcurre entorno a una vía principal, por lo que no resulta complicado “hacerse” con la ciudad, pero lo más importante de Pakse está en sus alrededores .
Pakse esta situado en el centro de la parte sur de Laos y se encuentra en la zona del Bolaven Plateau, donde están las plantaciones de café. Laos se ha convertido en un importante exportador de café, el más famoso es el Dao y la verdad es que me gusta mucho, entre Vietnam y Laos me he aficionado al café con hielo, además aquí en lugar de la leche normal que nosotros tomamos le ponen leche condensada y como es un poco dulce, el café está espectacular. Pablete creo que a ti te encantaría este café.
Hay un recorrido para ver el Bolaven Plateau que aquí llaman «loop» y es de aproximadamente 4 horas en moto, en él haces un recorrido circular pasando por cascadas, plantaciones de café y algunos pueblos, sonaba bastante interesante.
También cerca de aquí, a unos 40 kilómetros, se encuentran las ruinas de Wat Phu, un templo jemer que fue construido por la misma persona que diseño Angkor Wat, por lo que estando tan cerca y a pesar de haber estado en los templos cambodianos me apetecía mucho ir a visitarlo.
Así que preparé un recorrido, al que también se unió Sarah, para hacer el «loop» por la mañana y después de comer irnos a ver el templo, evidentemente eso implicaba madrugar, pero merecía la pena.
Conseguir alojamiento en Pakse nos costó lo suyo, en este aspecto la ciudad es más cara de lo que me esperaba y sobre todo no rebajaban ni un céntimo, cosa que me chocó porque hasta ahora no había habido problema en negociar, estamos en temporada baja. Así que después de mucho rebuscar encontramos uno que nos gustó, aunque nos costó bastante que nos dejase las dos habitaciones por un buen precio, tuve que coger papel y boli y explicarle las cuentas, para ver si viéndolas las entendía o al menos entendía lo que le trataba de explicar; al final la chica entró en razón y nos dejó las dos habitaciones al precio que queríamos.

Otra cosa que me llamó la atención en esta ciudad fue el precio de las motos, en Luang Prabang me había costado unos 11€, y aquí encontramos un sitio donde las alquilaban por 5€, aunque al final como nos llevábamos 2 nos las dejaron a 3,5€ cada moto por todo el día, vamos de risa.
A las 8 de la mañana estábamos en ruta, camino de las primeras cascadas del Bolevan Plateau a las cuales llegamos en 50 minutos.
Ninguna de las dos que vimos nos parecieron extraordinarias, además la carretera hasta ese momento era muy mala en el sentido de que había mucho tráfico y mucho polvo ya que la estaban ampliando, así que para nada estábamos disfrutando del recorrido, por lo que viendo el mapa y lo que teníamos por delante decidimos darnos la vuelta para irnos al templo, pero antes nos acercarnos a un pueblo que había cerca para ver si quedaban muy lejos unos campos de café que aparecían en el mapa, pero nos dijeron que ya no era la época, lo habían recogido hacía un mes, así que después de tomarnos un café y un tentempié nos volvimos por donde habíamos venido y pusimos dirección al templo de Wat Phu.

Llegamos a las 15:30, con tiempo suficiente para verlo con calma, primero el museo, que es bastante interesante por lo que tiene y sobre todo por lo que explica de la historia y los alrededores; y después el templo.
El templo esta en ruinas, la verdad que prácticamente son las paredes y poco más lo que se conserva en pie, pero subiendo por unas escaleras sobre la ladera del monte accedes a un nivel superior del complejo y desde aquí las vistas sobre el entorno son muy buenas, y en su época con el templo en el medio debieron ser impresionantes.
De todas formas no sé si merece la pena venir hasta aquí para verlo, debido al estado en el que se encuentra; si tienes tiempo y paras en Pakse, te puedes acercar si quieres hacer algo distinto, sobre todo si no has estado en Angkor (Cambodia) ni vas a estar y si es el tiempo del café lo puedes combinar con una visita a los campos, pero si no casi mejor no complicarse.
Como el día no había tenido su dosis de aventura, a la vuelta me quede sin gasolina en la moto, las dos motos eran iguales y como la mía no marcaba nos íbamos guiando por la de Sarah, pero se ve que la mía consumía bastante más porque se paró. Era de noche, noche cerrada, así que dejé la moto en un «restaurante» (lo pongo entre comillas porque no era en si un restaurante), cogí la moto de Sarah y me fui a por una gasolinera mientras ella esperaba con la moto.
A los 9 km encuentro una, me había ido fijando a la ida y más o menos sabía qué dirección tomar, en la gasolinera están tres chicos atendiéndola, que no hablan inglés pero que nos entendemos de maravilla, primero le echo un poco de gasolina a la moto de Sarah para que no nos pase lo mismo más adelante y les explico a los chicos por señas, los tres menores de edad, que necesito una botella para llenar de gasolina, entre risas nos ponemos los cuatro a buscar por los alrededores y encontramos 2 botellas pequeñas de agua que lleno de gasolina y emprendo la vuelta para recoger a Sarah.

Mientras tanto ella, con la familia lo estaba pasando un poco «mal» en el sentido de que tampoco hablaban inglés y le estaban ofreciendo, por eso de ser amables, tabaco y alcohol, ella trataba de explicarles que ni bebía ni fumaba.
Al final llego, echamos la gasolina en la moto y seguimos nuestro camino, más adelante descubrimos que estábamos a menos de 15 km de la ciudad cuando nos quedamos tirados. Con suerte llegamos a tiempo para devolver las motos, aunque podríamos haberlo hecho al día siguiente, al ser un alquiler de 24 horas.
Una vez devueltas las motos deberíamos haber buscado un autobús para continuar mañana mismo nuestro camino, pero los dos estábamos tan cansados que decidimos cenar y dar por terminado el día, ya tendríamos tiempo mañana para encontrar un autobús…

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