Maido – Grand Bénare

Una de las grandes ventajas de alojarte en el apartamento de un nativo o de alguien que vive en la isla, es que la conoce muy bien y te puede dar muy buenos “tips”. Este fue el mejor colofón posible al viaje por esta maravillosa isla; ya que sin saberlo, íbamos a tener la isla, literalmente, a nuestros pies.

aqui_empieza_todo

Es una hora y cuarto, aproximadamente, desde St-Pierre a Maido (2.190 m); lugar de inicio de la travesía y desde allí, tres horas y media hasta Grand Bénare (2.896 m.), como queríamos ver el amanecer tendríamos que llegar a las 5 y media de la madrugada a Grand Bénare; lo cuál implicaba tener que empezar el trekking a las 2 de la madrugada y eso quería decir que tendríamos que salir de St-Pierre a las 12:30 contando con un poco de margen.

Con todos estos “ingredientes” tendríamos que hacer el trekking sin dormir, así que hablamos con Pauline para ver si nos permitía dejar las mochilas en su casa después del parapente y estar allí hasta la hora de marcharnos al Maido, una vez más no nos puso ninguna pega, es más no quiso que le pagásemos nada por esa tercera noche que pasamos en su casa, nos invitaba!, pero al marcharnos le dejamos el dinero encima de la mesa. Encantadora.

grand bénare
es sin «s», lo hemos comprobado en muchos mapas

A las 12:30 de la madrugada nos pusimos en camino. Igual que en Navidad cuando nos dirigíamos al volcán, no había ni un solo coche por la carretera, así que realizamos el trayecto sin ningún problema, hasta que empezamos a subir hacia la montaña y nos encontramos con las famosas curvas, aquí están por todos lados y son curvas cerradísimas, entonces sucedió lo que tenía que suceder, nos “perdimos”; bueno realmente no nos perdimos, lo que sucedió es que fuimos cogiendo caminos cada vez más largos, el viaje que era de una hora y cuarto, al final se convirtió en 2 horas y cuando teníamos previsto iniciar el trekking a las 2, lo iniciamos a las 3.

Cuando llegamos al parking del Maido, no había ningún coche y el cielo estaba lleno de estrellas acompañadas por la luna, que aunque no era llena, nos alumbraba muchísimo. Nos abrigamos un poco, estábamos a 2.190 metros de altura y no hacía precisamente calor, nos pusimos nuestros frontales en la cabeza y empezamos el trekking, eran las 3 de la madrugada.

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con el Piton des Neiges enfrente

La sensación es fabulosa, de esas que me encantan, “perdido” en un lugar desconocido, solo, de noche… aunque esta vez iba acompañado por Carina.

Ya desde el principio la subida es bastante empinada y exigente, con bastantes rocas, muchas de las cuales están sueltas, así que tienes que ir con mucho cuidado, más teniendo en cuenta que solo dispones de la luz de tu frontal, también tienes que ir fijándote en las marcas del camino (la línea discontinua que os conté en el volcán), que aquí al ser de noche no era tan fácil de seguir.

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El recorrido es tremendo, como veis en la foto, pasa por el mismo borde de la montaña bordeando el circo de Mafate, por lo que las vistas sobre el circo iluminado a la luz de la luna son imposibles de describir y de olvidar. Tienes que tener cuidado, todo el camino vas bordeando el filo; y muchas veces pasas muy cerca del mismo borde, hay letreros recordándote todo el rato que no te separes del camino, pero tampoco hay que asustarse, si respetas lo que te dicen no hay peligro ninguno. El recorrido muchas veces es de puro vértigo. Al principio Carina y yo nos preguntábamos por qué no contaban este recorrido en las Oficinas de Turismo, llegados a este punto nos dimos cuenta del porqué, difícil de imaginar a tanta gente haciendo este recorrido y quitándose fotos tan cerca del filo.

Evidentemente, con el retraso que llevábamos no llegamos al amanecer, pero tampoco nos importó. Lo que estábamos viendo era un espectáculo increíble.

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Llegamos a la cima de Grand Bénare (2.896 metros) completamente solos; y teníamos ante nosotros una espectacular visión de la naturaleza, algo que no se puede explicar con palabras porque para cada uno significaba una cosa distinta; en un momento, después de un largo silencio Carina exclamó: “libertad” e inmediatamente yo respondí: “vida”, es decir, lo que teníamos ante nuestros ojos en esos momentos significaba o simbolizaba una cosa distinta para cada uno.

Con el Piton des Neiges (3.071 metros), el pico más alto de la isla, frente a nosotros, teníamos: a la izquierda el circo de Mafate al completo, se veía absolutamente todo, incluso el primer trekking que hicimos en la isla hace ya casi dos semanas, Marla, La Nouvelle; detrás de éste, el circo de Salazie se vislumbraba un poco; a la derecha el circo de Cilaos al completo, con una visión perfecta del pueblo de Cilaos y más al fondo, detrás del circo de Cilaos, el volcán Piton de la Fournaise y rodeándolo todo… el mar. Es decir, teníamos ante nuestros ojos absolutamente toda la isla de La Reunión y estábamos completamente solos… que cada uno le ponga el adjetivo que quiera.

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piton de la fournaise

Para colmo de la buena suerte, hacía un tiempo espectacular, ni una sola nube que estropease el paisaje, solo unas pocas al fondo, sobre el mar y algunas más sobre el volcán con el cuál “jugaban” al escondite.

Como nos dijeron después, esto no era para nada normal y sucedía poquísimas veces.

Después de llevar allí arriba más o menos una hora, empezó a llegar gente y también empezaron a aparecer las primeras nubes, muy poco densas que más bien parecían niebla y que iban y venían, por lo que también ofrecían un bonito espectáculo.

Estuvimos en la cima de Grand Bénare dos horas y media y nos fuimos de allí con muchísima pena, sabíamos que jamás volveríamos a ver un espectáculo semejante. Durante la vuelta nos fuimos cruzando con gente que iba de camino a la cima y cuando llegamos al parking, en el cuál el único coche que había cuando llegamos era el nuestro, ahora estaba lleno, aunque evidentemente no todos eran para hacer el mismo recorrido que nosotros. Muchos van hasta allí para ver, desde la cima del Maido, las vistas del circo de Mafate.

conseguido

El recorrido entero nos llevo prácticamente 9 horas, 3 ½ ida, 2 ½ en la cima y otras 3 aproximadamente para la vuelta al Maido. Como es fácil de imaginar llegamos al coche “muertos”, destrozados, después de 9 horas y sin haber dormido, pero muy felices por lo que habíamos vistos y sentido.

Nos preparamos un poco y pusimos rumbo al punto de partida, St-Denis, allí fue donde empezó todo y allí es donde va a terminar, mañana cogemos el vuelo rumbo a la isla de Mauricio… la historia continúa…

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