Madagascar
Madagascar capital… Antananarivo, me acuerdo como si fuera hoy (y creo que tú también Carlos) cuando en 7º de EGB el hermano Jorge nos hizo aprender todos los países del mundo con sus capitales, quien me iba a decir, que unos cuantos años más tarde iba a recorrer muchos de ellos.
Cuando le dije a Andrea, mi ahijada, que me iba a Madagascar a conocer a Alex, el león, Marty la cebra, Gloria la hipopótamo y Melman la jirafa… sus ojos se abrieron como platos; ¿de verdad que vas a ir a Madagascar?, me preguntó; sí, le dije y voy a ver muchos lémures, sobre todo los de cola anillada. Con solo 6 años se conoce muchos más animales que cualquiera de nosotros y tiene una colección tan grande que ya empieza a ser un problema para sus padres.

A mi me encantan los aeropuertos. Tana que así la llaman aquí, tiene un aeropuerto divertidísimo, si te lo tomas con paciencia. Para empezar el avión se queda en la pista, aquí no hay autobuses, ni mucho menos fingers, así que tienes que ir a la terminal andando; antes de entrar en el aeropuerto propiamente dicho, para el control, ya hay cola, solamente por estos dos motivos ya te das cuenta que has llegado a África.
Lo primero que pasas es el control sanitario, entregas el papel que has rellenado en el avión, te lo sellan, también el pasaporte y al siguiente control, pagar el visado. Una vez terminado estos dos pasos llega lo mejor y algo que no había visto en mi vida.
Llegas al control de pasaportes para que te pongan el visado y le entregas el pasaporte a un policía que se lo da a una de las personas que está dentro de la “garita” acristalada, aquí no hay filas, ni orden, ni nada que se le parezca; dentro hay 4 personas, dos al ordenador y dos con los sellos.
Los del ordenador reciben los pasaportes del policía o de cualquiera que se lo de (personal del aeropuerto, se entiende) y los escanea, después se los da al de los sellos y este le pone 4 sellos que yo contase, y va amontonando los pasaportes; yo cuando veo esto, esbozo una sonrisa y me digo esto es alucinante, veo para la gente que me rodea; y todos están flipando y tratando de seguir con la vista el “recorrido” de su pasaporte, ni pestañeaban, había una oriental que estaba desesperada la pobre, intentando no perderlo de vista. Después de que tenían un buen montón cada uno, no llegué a contarlos, llega otro policía, los coge y se pone a firmarlos, uno a uno, donde le habían puesto todos los sellos.

¿Y cómo recuperamos cada uno nuestro respectivo pasaporte?, es decir, lo más importante y valioso que tienes cuando estás fuera de tu país. Pues al terminar de firmarlos los va abriendo uno por uno por la foto y preguntando de quien es… bienvenidos a Madagascar! En cuanto la gente cogía los pasaportes se ponían a revisarlo de arriba abajo a ver si se los habían sellado. No me digáis que no es divertidísimo viajar.
Yo que estaba pegado al cristal viéndolo todo, cuando el policía empieza a firmar los pasaportes y llega al mío, le digo si lo puedo coger; sin confirmar, ni asegurarse si era el mío o no, me lo da, y hago lo mismo con el de Carina y también me lo da… máxima seguridad y control… vamos que podían ser los nuestros o los de otros cualquiera.
Una vez pasado todo el «papeleo» del pasaporte, lo siguiente que viene es coger la maleta, que salió después de darse un buen paseo por el aeropuerto, porque Dios mío lo que tardó y eso que solo éramos un avión. Total 2 horas y media, entre pasaporte y maleta, vamos y protestamos por lo que tardan en EEUU, aquello es un paseo.

Fuera nos estaba esperando el chico que nos iba a llevar a la guesthouse. Estamos a 15 km, tardaremos una hora nos dice… vamos está de broma, me digo, eso es prácticamente imposible; pues tenía razón, fueron 15 km en una hora y media… bienvenidos a África!
El recorrido fue muy bien aprovechado por Carina (en Madagascar se habla francés) que sacó mucha información para el viaje, yo me dediqué a sacar las primeras impresiones de lo que veía, madre mía si esto es la capital del país!
Entre otras cosas el conductor nos contó que en el año 2008 hubo una crisis tremenda (¿os suena de algo?) que arruinó el país y destrozó el turismo y que desde entonces no se ha recuperado.
Después de hora y media, llegamos a la guesthouse Chez Aina… qué paraíso!, como es posible que haya un sitio como este en el entorno que acabo de ver.

El alojamiento lo encontró Carina a través de Airbnb, la dueña es una chica encantadora que nos dio nuestros segundos “tips” para el viaje, por lo que ya empezamos a tener bastante información. De entrada nos ha dicho que ni nos preocupemos por los hoteles, están todos “vacíos”, ningún problema para encontrar alojamiento en cualquier sitio, estamos en temporada baja, la temporada alta termina en octubre, así que un problema menos; por el contrario, estamos en época de lluvias, pero esto ya lo sabíamos…
Deja una respuesta