Avenida de los Baobabs

Lo más famoso de Madagascar son sus lémures de cola anillada pero sobre todo su avenida de los Baobabs

Carina no quería venir, pero al final la convencí.

La avenida de los Baobabs se encuentra en Morondava, en la costa oeste de Madagascar, curiosamente Morondava está a solo 350 km al norte de Toliara (de donde venimos); la carretera (por llamarla de alguna forma) que las une es tan espantosa que solo se puede recorrer en la temporada seca y con un 4X4, ahora es imposible por las lluvias. Por lo tanto, nosotros tuvimos que volver sobre nuestros pasos hasta Antsirabe y desde allí ir hacia el oeste hasta Morondava; en total unos 1.400 km, habiendo estado a “solo” 350 km.

avenida de los baobabs

En Morondava se encuentra también el parque de Tsingy de Bemaraha, que es posiblemente el mejor parque de Madagascar, ahora está cerrado por las lluvias. Por lo tanto, Morondava es un enclave muy importante por la avenida de los Baobabs y por el Parque Nacional Tsingy, dos poderosísimas razones para venir hasta aquí.

Todo empezó a las 9:30 de la mañana, cuando nos dirigíamos a coger el taxi brousse privado (más rápido y cómodo que el taxi brousse y viaja de día) para irnos a Morondava, la mujer de Pascal llamó por teléfono para ver por donde iba y nos dijo que venía con retraso, así que nos dispusimos a esperar.

A las 12:00, cuando ya estábamos pensando en cambiar el día para mañana, nos avisó de que estaba llegando, así que nos fuimos a la parada, que está a 2 minutos andando y es una gasolinera. Allí tuvimos que esperar otra hora, en este momento quisimos cambiar el viaje para el día siguiente, pero nos dijeron que perdíamos el dinero que habíamos dado como señal, por lo que decidimos irnos hoy. La hora prevista de llegada a Morondava eran las 23:00, es decir, haríamos 5 horas de noche, razón por la que queríamos cambiar el viaje a mañana.

volando_sobre_Morondava

Con diferencia fue el peor viaje hasta ahora de todos los hechos en Madagascar, se nos hizo larguísimo y pesadísimo, sobre todo la parte nocturna. Nos habían dicho una y mil veces, que estos taxis brousse privados funcionaban muy bien y eran súper puntuales, pues bien, justo hoy tuvo una avería y de ahí el retraso de 3 horas; otra coincidencia es que el conductor era nuevo y no conocía la carretera por lo que conducía mucho más despacio (como pudimos comprobar a la vuelta), aunque esto no nos importó demasiado. Así que en este viaje se dieron todos los factores negativos.

Llegamos a Morondava a las 23:15 con un calor insoportable, ni en los peores años de Madrid recuerdo tanto calor. Nos metimos en un hotel que nos recomendaron en el autobús y ese fue el inicio de la peor noche en Madagascar…

Nos habían comentado que a las 3 de la madrugaban cortaban la corriente en la ciudad un par de horas…

Me desperté a las 3:20 de la madrugada porque no podía respirar, que sensación más horrorosa, no sabía donde estaba metido; cuando veo el reloj no me podía creer la hora que era, intenté dormirme otra vez, pero me costaba muchísimo respirar, el aire era pesadísimo, pensé en levantarme y salir fuera de la habitación, pero haría el mismo calor; así que intente volver a dormirme, no sé como lo hice pero lo conseguí aunque volví a despertarme varias veces durante la noche… de repente el ventilador volvió a encenderse y la respiración se hizo un poco más llevadera…

avenida de los baobabs

Cuando nos despertamos a la mañana siguiente el calor en la habitación era increíble, parecía una sauna, nos duchamos, vestimos y salimos de allí sin ganas de volver. Nos fuimos a buscar un hotel y después de ver varios nos quedamos en el que nos había recomendado Pascal, nos dieron una de las mejores habitaciones con muy buenas vistas y al estar en la parte de arriba corría una brisa muy agradable, un buen sitio para olvidar tanto la “pesadilla” del viaje como la del hotel.

Todos los comentarios que encontramos hablaban maravillas de La avenida de los Baobabs, no encontramos ningún solo “pero”… sin embargo… ¿vale la pena recorrer 1.000 km y 18 horas de viaje (ida y vuelta) para ver una “camino” de unos 200 metros con unos 50 árboles que son, más o menos, los que forman la avenida (en los alrededores hay muchos más)? A nosotros nos pareció demasiada “paliza”… y este era el motivo y la razón por la que Carina no quería venir… en temporada seca con el Tsingy, es diferente porque también puedes ver el parque; pero ahora recorrer todo esto para ver los Baobabs, cuando ya los habíamos visto en el sur en Toliara…

Es la misma pregunta que se suele hacer la gente en Australia, merece la pena ir al centro, única y exclusivamente para ver la “roca”?, pues habrá gente para la que sí y habrá gente para la que no merece la pena. Lo mismo ocurre en Sri Lanka, hay otra inmensa roca, Sigiriya, sobre la cuál hubo un palacio, en mitad del país y te tienes que desviar para verla, ¿merece la pena? Para nosotros muchísimo, en ambas ocasiones; pero nos encontramos con gente que terminaba sus viajes sin verlas, por lo que cada uno valora su tiempo y lo maneja a su manera.

armonia_con_la_naturaleza

La primera impresión fue que con el calor que estábamos “sufriendo”, el pueblo de Morondava que no es ninguna maravilla, que prácticamente no había nadie y que debido a esto tampoco tienen demasiada comida en los restaurantes, la respuesta para nosotros fue que no merece la pena tan largo viaje… en temporada alta segurísimo que sí, porque todo lo negativo de ahora será positivo entonces, con la añadidura del Tsingy.

El día siguiente fue si cabe peor, fuimos a primera hora a reservar el taxi brousse privado para irnos a la mañana siguiente pero solo quedaba un espacio libre, no lo podíamos creer, tendríamos que estar aquí un día más… así que reservamos para irnos el lunes.

Pero es muy difícil que haya dos días seguidos malos viajando, así que el domingo amaneció totalmente distinto, no hacía tanto calor, corría una ligera brisa, habíamos dormido mucho mejor, así que nos levantamos con ganas de hacer cosas.

pescando_en_Morondava

Nuestra sorpresa fue enorme cuando vimos que toda la playa estaba llena de gente pescando. Niños, jóvenes, mayores, todo el mundo hacía algo, con redes, con barcas, todos empleaban alguna forma para pescar.

Qué gran sorpresa nos tenía preparada Morondava para el último día, aunque el sol apretaba, merecía la pena disfrutar el momento. Estaba todo el pueblo, o casi, desde los más pequeños hasta los mayores, todos participaban de lo que para ellos parecía una fiesta y para nosotros un espectáculo. Las chicas con redes en la mano se metían de dos en dos o de cuatro en cuatro con el agua hasta el cuello y salían con la red llena de peces, los chicos iban en las canoas, otros tiraban de cuerdas desde la orilla, arrastrando grandes redes con peces centro. Lo más curioso de todo es que dentro del bullicio parecía que todos sabían lo que tenían que hacer, como si todos estuviesen organizados.

Cuando ya nos íbamos nos encontramos con Mario, responsable del desarrollo rural, se encargaba de darles todas las “herramientas” necesarias para pescar y ayudarles en lo que necesitasen. Nos estuvo explicando muchas cosas, lo primero que le preguntamos es por qué estaban todos pescando, si eso ocurría todos los días y nos explicó que no, solo días determinados, cuando se dan las condiciones y hoy era uno de esos días. Nos contó que por la experiencia ellos ya saben cuando es un buen día de pesca y hoy lo era, para nuestra suerte.

También nos explicó que todo lo que pescaban era para vender, ellos solo se quedan con lo que no podían vender, pero que prácticamente siempre venden todo, con el dinero compran arroz para ellos. En un buen día una familia puede ganar hasta 10 €, pero claro no pescan todos los días. Otra cosa que nos comentó y que nosotros ya habíamos visto, es que no respetan los tamaños, pescan todo tipo de pez y como ahora estaban en época de cría se estaban llevando todas las crías y así no dejaban que creciesen, que era un gran problema, pero que no conseguían hacérselo entender.

pesca_en_Morondava

Yo hasta cierto punto lo entiendo, ellos se preocupan de comer hoy y lo hacen para vivir, es difícil el pensar, no voy a “comer” hoy y así dentro de un mes tendré más comida y peces más grandes y mientras hoy paso hambre, hasta cierto punto es comprensible, bajo mi punto de vista. Sin ir muy lejos, aún me acuerdo de las campañas en televisión de “PEZquenines NO, gracias”, explicándonos y diciéndonos que no debíamos pescar ni comprar tallas pequeñas de pescados y nosotros en teoría, somos un país desarrollado, que tenemos otras formas para alimentarnos y sin embargo nos tenían que recordar, avisar y machacar que no debíamos pescar, ni comprar «pezquenines» y fue solo hace unos años.

Al mismo tiempo, en esta inesperada mañana también nos enteramos de que iba a haber una fiesta en la playa por la tarde, así que definitivamente era nuestro día de suerte y de fiesta; Morondava nos regalaba un último día para el recuerdo.

Dio la casualidad de que el sitio que elegimos para comer daba directamente a la playa donde iba a tener lugar la fiesta, en teoría empezaba a las 15:00 y terminaba a las 18:00, pero ni empezó a las 15:00, ni mucho menos terminó a la hora indicada… moramora.

avenida de los baobabs

No podíamos marcharnos de aquí sin hacer una visita más a los Baobabs y tratar de mejorar nuestra primera impresión. Así que cogimos otro taxi y nos fuimos otra vez a ver el anochecer en la avenida de los Baobabs.

Es cierto que cuando ves algo por segunda vez (una película, un cuadro, la repetición de un partido…) ves cosas que se te escaparon la primera vez, te fijas en otras distintas y descubres, casi, casi, otro cuadro, otra película…

La avenida de los Baobabs nos pareció todavía más hermosa que la primera vez, además el anochecer fue todavía más bonito. Carina cambió inmediatamente de opinión y se alegró muchísimo de haber venido. Como ya los habíamos visto y disfrutado, esta segunda vez la “saboreamos” más; con los últimos rayos del sol, estos fantásticos y extraños árboles parecen irreales y es cierto que el entorno se vuelve un poco “mágico” y eso que solo son 200 metros.

Definitivamente esta segunda vez los disfrutamos mucho más que la primera. De todas formas sigo creyendo que es un poco arriesgado venir en esta época del año y con este calor solo para ver los Baobabs, porque dentro de lo que cabe nosotros tuvimos suerte, según nos dijeron el año pasado llovió muchísimo durante éste mes y sin embargo este año lleva sin hacerlo desde noviembre. No quiero imaginarme recorrer 1.000 km y que esté lloviendo sin parar.

avenida de los baobabs

El viaje de vuelta fue otra historia, esto sí que fue un taxi brousse privado y express. Tardamos “solo” 8 horas, que una vez más y con el paisaje, pasaron en un “suspiro”. Muy cómodo el taxi, mientras en un taxi brousse normal van 5 personas por fila, cuando cada fila es para 4, aquí las dos veces íbamos 3, así que siempre había un asiento libre, con lo que la comodidad era mucho mayor.

Antsirabe nos recibió a las 2 de la tarde con una temperatura muy agradable, al igual que Pascal con una sonrisa al vernos de nuevo en su hotel.

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