AIC Madagascar

Cuando Carina invitó a sus amigos a la fiesta de despedida antes de empezar el viaje, les dijo que no le hiciesen ningún regalo, que si querían darle algo que le diesen dinero para ayudar a gente durante el viaje…

Hoy encontramos el primer sitio donde dejar parte de esa ayuda… AIC Madagascar.

AIC_Madagascar

Madame Rose empezó en el año 1988 con una habitación y 15 niños, hoy acoge a 350 niños y 147 madres, sólo en Manakara porque actualmente tiene 14 centros distribuidos por Madagascar.

Un día una monja vino a verla y la llevo a un centro donde había gente enferma con tuberculosis; en ese tiempo ella estaba trabajando como profesora y como los miércoles por las tardes no tenía clase, se iba al centro a ayudar. Pero pronto se dio cuenta que eso no era lo suyo ya que no era enfermera, así que dejó de ir pero sintió la necesidad de hacer algo por los niños; en una casa de caridad que aún existe y está al lado de donde tienen el centro, le dejaron una pequeña habitación y así empezó todo.

Los niños son acogidos a partir de los 5 años hasta los 7 en que son enviados al colegio, aunque siguen yendo a comer. Sirven 4 turnos de comidas al día, no dan cenas y ella nos contó que para muchos niños es la única comida que hacen al día. En esos cuatro turnos cocinan 30 kilos de arroz. Una tonelada de arroz les cuesta 375 euros y les dura unas 3 semanas, más o menos. El dinero lo consiguen con ayudas que reciben de distintas organizaciones y países.

niños_del_hospicio
niños del orfantato

Madame Rose estuvo en las Naciones Unidas dos veces y habla perfecto inglés ya que estudió en Inglaterra con una beca, ahora es la encargada del proyecto internacional de AIC Madagascar, es decir, se encarga de mostrar al mundo lo que está haciendo en Madagascar para conseguir ayuda internacional. Tiene 65 años y dice que ahora cada día se levanta con ilusión porque ya tiene un proyecto que llevar a cabo para el resto de su vida.

Hoy debería ser el último día en Manakara…

Por la mañana nos fuimos a ver el mercado; después del de Antsirabe es el que más me ha gustado y eso me ha sorprendido, lo encontré bastante limpio, muy grande y con muchísima comida. Una vez más hemos visto y comprobado que en este país no faltan alimentos, tienen de todo y en abundancia, el problema es que no tienen dinero para comprarlos.

Al salir del mercado continuamos paseando y la curiosidad me hizo entrar en un sitio para ver que era, Carina me dijo: es un colegio y yo le dije pues vamos a verlo… la suerte o la curiosidad hizo que descubriésemos AIC Madagascar, ya que donde entrábamos no era un colegio.

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los chicos que nos explicaron todo

En la puerta una voluntaria nos explicó que eran una especie de orfanato para ayudar a niños abandonados, a niños que no tienen padre ni madre o incluso a madres que no tienen absolutamente nada porque también las acogen a ellas. Nos estuvo contando un poco lo que hacían y al terminar les dimos el poco dinero que nos quedaba (justo íbamos al cajero a sacar); entonces nos dijeron que entrásemos y viéramos el local.

Se nos acercó uno de los chicos y Carina empezó a hablar con él, pero como no hablaba muy bien francés vino otro y le ayudó, entre los dos le explicaron todo lo que hacían y como les ayudaban en el centro.

Al mismo tiempo, yo miraba a los pequeños como comían y lo que comían. Básicamente un plato de arroz, con un poquito de legumbres, supongo que más que nada para darle un poco de sabor al arroz, la velocidad a la que “devoraban” ese plato de arroz no lo había visto en mi vida; al terminar no hacía falta ni lavar el plato. Mientras comían les data tiempo a reírse y hacer alguna broma entre ellos… la inocencia de los niños…

Al volver al hotel hablamos con Gerard y Patricia, con los que nos llevamos excelentemente y nos tratan de forma increíble y nos explicaron quien era la persona encargada del orfanato y donde podíamos encontrarla, así que decidimos ir a verla por la tarde.

Debido a que se acercaban unos nubarrones que “anunciaban” lluvias torrenciales, decidimos acortar nuestro paseo por la playa e ir a ver a Madame Rose.

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el mercado, se puede ver muy bien la cantidad de comida que hay

Una vez más otra persona nos confirma lo que ya sabemos de Madagascar y todo el mundo con el que hablamos nos reafirma, aunque resulte muy difícil de creer, Madagascar es un país muy, muy rico… entonces por qué hay tanta pobreza? Más del 60% de la población es analfabeta, no hay infraestructuras, no hay inversiones en el país, no hay dinero…

Madame Rose no puede ver a los políticos, para ella son viejos dinosaurios, cada vez que hay elecciones siempre están los mismos (¿de qué me suena esto?, pensé yo), solo piensan en ellos mismos y nunca en el pueblo (creo que lo he visto o escuchado en alguna parte, seguí pensando, pero no recuerdo donde) cuando tiene alguna reunión con ellos siempre envía a alguien en su lugar… muchas veces reciben ayudas y subvenciones de organismos internacionales que nunca les llegan…

Nos ha dicho que aquí tiras un grano al suelo y crece una planta, un vegetal, lo que sea. Pero también nos confirmó lo que nos había dicho Richard, son muy vagos y debido a su mentalidad y tradición es muy, muy difícil hacerles entender y ver las cosas; por ejemplo, prefieren tirar la fruta o vegetales antes que venderla más barata. Nos ha contado que los mangos son muy caros y que no pueden comprarlos y muchas veces les ha dicho que si estuvieran más baratos, ella podría comprarlos para sus niños, pues le contestan que si no puede pagar ese precio que no los compre y al final como son tan caros y nadie puede comprarlos se acaban estropeando y tienen que tirarlos… imposible hacerles entrar en razón, exactamente como nos lo había contado Richard y que el también había intentado.

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Madame Rose y Carina

También tratan de ayudar a las niñas para que no tengan tantos hijos sobre todo sin casarse, pero que le es muy difícil, además el chico siempre las abandona, a veces incluso vuelve les “hace” otro hijo y desaparece; palabras textuales. Muchas tienen problemas con el alcohol, que es muy malo y perjudicial porque es puro y no apto para el consumo (como ya os expliqué) pero que lo beben para olvidar los problemas, la pobreza y que muchas mueren muy jóvenes.

Pero lo más difícil y complicado para ella es tener que decir que no puede admitir más niños en el orfanato, ya son demasiados los que tienen, no pueden alimentar a más y muchas veces tiene que rechazar a niños porque le siguen llegando más y más.

Al poco de comenzar a hablar con ella, ya sabía que hoy no nos iríamos de Manakara, en el hotel nos habían reservado el billete pero tendríamos que cambiarlo…

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