Varanasi
“Varanasi es más antigua que la Historia, más antigua que las tradiciones, más vieja incluso que las leyendas y parece el doble de antigua que todas juntas” – Mark Twain
Por mucho que pienso, por mucho que busco, por mucho que lo intento, no encuentro palabras para describir esta ciudad. Estuvimos 7 días y nunca me costo tanto irme de un sitio, menos mal que estaba Carina conmigo, sino creo qué tendríais que venir a buscarme.
Varanasi es la ciudad más antigua del mundo, los arqueólogos creen que tiene más de 4.000 años. Por lo tanto, con semejante historia, con semejante pasado y con semejantes años es más que evidente que no existe ninguna ciudad igual en el mundo, ni siquiera parecida. Varanasi es totalmente única e irrepetible; y como me di cuenta de ello, no quería irme; sé que por mucho que viaje jamás encontraré nada igual.
Para la inmensa mayoría de vosotros sería una ciudad horrorosa, incluso más que eso… pero no es la ciudad en sí, es lo que te hace sentir, es lo que te hace ver, es lo que te hace descubrir, es lo que te hace preguntarte, es lo que te hace pensar, es lo que te hace plantearte, es lo que te hace disfrutar…

Para los hinduistas, Varanasi es la ciudad más sagrada y cuando mueres en ella o a menos de 60 kilómetros de distancia, se acaban los ciclos de las reencarnaciones. La ciudad transcurre paralela al río Ganges, a lo largo de cuya orilla se encuentran los Ghats, más de 100, uno detrás de otro, todos unidos, puedes ir de una punta a la otra solo andando por los Ghats. Después de los Ghats esta la ciudad antigua, la más bonita, la más auténtica, la única.
Varanasi es un laberinto mágico en su zona más próxima a los Ghats, la zona antigua qué es donde estábamos alojados nosotros y por donde nos movíamos. En esta zona sus calles más anchas miden 2 metros y por allí pasan personas, motos, vacas… alucinante doblar una esquina y encontrarte una vaca que ocupa todo el ancho de la calle y se queda mirándote fijamente, jajajajaja. Todas las calles tienen salida a los Ghats, porque toda la ciudad, toda la vida en Varanasi gira en torno al Ganges y sus Ghats, así que en cualquier momento puedes bajarte a uno de ellos.

La vida en Varanasi comienza sobre las 5 de la mañana o incluso antes, cuando la gente se dirige a los Ghats para tomar el primer baño del día en las aguas de este río sagrado, lo hacen al amanecer y este hecho es también un reclamo turístico.
Sentarte en cualquiera de los Ghats y ver lo que allí pasa es algo que no se puede expresar con palabras, es algo tan religioso, tan místico, tan espiritual y tan profundo que no hay palabras para describirlo, hay que estar allí y sentirlo. Da lo mismo cuál sea tu religión, da lo mismo cuál sea tu creencia, da lo mismo que seas ateo, lo que ves es algo tan profundo y que lo practican con tanta devoción y tanto sentimiento que te hace pensar y preguntarte muchísimas cosas, porque te rompe todos los esquemas, se sale de la lógica, de lo que es «normal» para nosotros y eso es lo maravilloso de este sitio, que te «dice» cosas, que nunca antes habías «oído».
Estos son los sitios que merecen la pena, sitios que te hagan plantearte cosas, que te hagan preguntarte cosas, que te “rompan” todas tus ideas, que te hagan ver que lo tuyo no tiene porqué ser lo único ni lo mejor, que hay muchas otras «vidas» en este mundo tan validas como la que tú vives.
Todos los días íbamos a pasear por los Ghats y todos los días íbamos a ver cremaciones, estas últimas eran las que más me hacían sentir y pensar, ver el ritual y ver como tratan algo tan doloroso para nosotros, como es la muerte, te hace pensar muchísimo.
Andar por las calles de Varanasi es muy especial y a nosotros aparte de gustarnos mucho también es algo que disfrutamos. La primera vez parece qué te vas a perder y qué no sabes dónde estás, pero en seguida te das cuenta que es facilísimo orientarse y qué no hay ninguna posibilidad de qué te pierdas.

En Varanasi descubrimos los verdaderos Lassi, si antes ya nos gustaban, no os podéis imaginar ahora. Son obras de arte para el paladar y para la vista (como podéis comprobar en las fotos). A diferencia de Calcuta donde los tomábamos en vaso de cristal como si fuesen zumos con yogurt, aquí te los sirven en tarrinas de barro y los tomas como si fuesen un yogurt con sus buenos trozos de fruta dentro. La primera vez nos quedamos sorprendidos, pero en cuanto los probamos… descubrimos un auténtico manjar. Además los preparan uno a uno delante de ti, todo absolutamente artesanal, espectacular, nos tomábamos dos al día como mínimo, pero hubo días que cayeron hasta cuatro por cabeza.
Por otro lado echamos muchísimo de menos la comida callejera de Calcuta, fue lo primero que nos dijeron al llegar, la mejor comida callejera de toda la India era la de Calcuta; por lo tanto que nos fuéramos olvidando de ella, “duro golpe” que fuimos sobrellevando con los Lassi, jajajajaja. De todas formas encontramos un puesto, en el que hacían unas Dosas exquisitamente espectaculares, donde nos pusimos las «botas».

También echamos un poco de menos el Chai porque aquí no hay tantos puestos y sobre todo porque los sirven en vasos de cristal, qué sacrilegio!, aunque también a los pocos días encontramos un puesto maravilloso donde los servían en tazas de barro y allí nos íbamos todos los días a tomar unos cuantos.
En Varanasi hay muchos templos, pero que para nosotros no son nada del otro mundo, en eso nuestras Catedrales arrasan en belleza y espectacularidad. Pero aún así un día nos fuimos a ver los cuatro más importantes que nos habían recomendado y que están bastante juntos; los templos que vimos fueron Durga Temple, Tulsi Manas Mandir Temple y el Sankat Mochan Temple.
Nos levantamos a las 5:15 para ver el amanecer desde los Ghats, espectacular ver los primeros rayos de sol sobre ellos, una maravilla de luz y color, Carina se hinchó a sacar fotos. El amanecer lo vimos sobre una barca, “navegando” por el río. Una hora y media más tarde, la barca nos dejo a mitad de camino y nos fuimos andando por los Ghats hasta los templos.

Los templos están casi siempre llenos de gente, aquí vienen toda la familia, les rezan, les hacen ofrendas, es interesante ver los rituales que hacen delante de sus dioses.
Después de ver los templos nos acercamos a la universidad de Varanasi, que es muy grande y con unos edificios coloniales alucinantes, en esto sí que podrían competir con las nuestras; en su campus vimos el cuarto de los templos que nos habían recomendado, el New Vishwnath Temple.
Una vez terminados todos los templos y como habíamos andado mucho más de lo que creíamos, decidimos volver en tuk-tuk; aquí es cuando descubrimos los taxis compartidos, qué después usaríamos para todo, son tuk-tuk que compartes con más gente (caben 5 personas) por un precio de risa; pero que son muy divertidos de coger porque si te sientas delante con el que los lleva (donde siempre iba yo) vas casi fuera y te lo pasas muy bien, conducir por la India es alucinante, como ellos mismos dicen, no hay reglas; y todo lo que vas viendo ahí sentado te deja sin palabras.
A esas horas de la mañana con el sol en todo lo alto y habiendo madrugado tanto, el cuerpo te pide un «receso» para descansar y evitar un poco el peor calor del día, así que nos fuimos al hotel a descansar un rato; por la tarde vuelta a los Ghats y a pasear por las callejuelas antes de cenar. Nos volvimos a levantar un día más para ver otro amanecer, pero esta vez desde los Ghats, sin coger barca.
Lo de las vacas en la India es algo extraordinario, Carina alucinaba. La gente se muere de hambre y estos “bichos” están mejor alimentados y más gordos que nuestra propia ternera gallega. No sabemos lo que comen, ni donde lo comen pero algunas están tremendamente gordas, vimos algunos ejemplares realmente espectaculares, por supuesto también vimos muchas otras mucho más delgadas.
Las vacas son animales sagrados en la India y por lo tanto tienen total permisividad, pueden hacer y entrar en donde quieran, ya que todo les está permitido.
Nos las encontramos en absolutamente todos los sitios que os podáis imaginar, menos mal que son muy pacificas y no hacen absolutamente nada, por lo menos nosotros no vimos nada extraño, andan a su bola y como nadie las molesta, ellas tampoco se meten con nadie, aunque a veces tienes que pasar tan cerca de ellas y de sus cuernos que impresionan un poco, sobre todo porque si en ese momento se mueven un poco… de echo una vez una de ellas le dio con el hocico a Carina en el culo, menudo susto se llevó jajajaja, no se dio cuenta y se paro justo delante de ella y creemos que fue por eso, pero no le paso absolutamente nada, solo el susto y las risas posteriores.
Esto va unido al único «pero» que tiene Varanasi y es lo sucísima que está, después de una semana aún no me he acostumbrado del todo a tanta porquería porque me daba rabia estar en un sitio tan único y al mismo tiempo tan extremadamente sucio, una pena. A la porquería de los animales hay que añadirle la de los humanos, así que…
El contrapunto de las vacas son los perros, nunca vimos tantos perros en un estado tan horroroso, algunos parecían auténticos monstruos, esqueléticos, sin pelo, solo con la piel, de verdad que algunos daba hasta miedo verlos, pero también son muy pacíficos y no se meten con nadie. Creemos que el motivo de estar en ese estado tan lamentable es que se bañan en el río y beben su agua, o tal vez porque se comen la caca de las vacas, algo que también hemos visto que hacen…
Otros de los días paseando por las laberínticas calles de Varanasi, nos acercamos al Golden Temple, este templo está dedicado al dios Vishnu, qué es el dios más importante para los hinduistas. Allí asistí a algo que me dejó muy pensativo. Los hinduistas tienen miles, por no decir millones de dioses, en el Golden Temple vi como adoraban a un animal de piedra y por un momento me vino a la mente la parte de la Biblia en la que Moisés descubre a los israelitas que habían huido de Egipto adorando al becerro de Oro, exactamente fue esa la imagen y es cómo si la tuviera delante de mi unos cuántos miles de años después. Por lo demás un templo como todos los templos hinduistas, lleno de gente y no particularmente bonito.

Este templo está pegado a una mezquita y como hubo problemas entre unos y otros hace unos años, ahora la zona está fuertemente custodiada por policías, para entrar en el templo te “cachean” y a los turistas nos piden el pasaporte y nos toman todos los datos, antes entrabas sin ningún problema ni impedimento. Como siempre las religiones causando problemas, yo no sé si se crearon para solucionarlos o crearlos.
Por cierto, en la anterior entrada hablando del río Ganges, me olvidé comentar que las mujeres no pueden asistir a las ceremonias de la cremación, les está prohibido; ellas son más sensibles que los hombres y lloran y al llorar muestran sentimientos y eso impide o hace más difícil que el alma abandone el cuerpo, alucinante!, no me digáis que no es muy interesante todo esto. A muchos os puede parecer una tontería, como también lo son o lo pueden parecer muchas cosas de otras religiones incluida el cristianismo. Es muy interesante conocer y respetar, aunque eso no implica que tengas que creer.





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