Manakara
La idea inicial era ir al norte durante 2 semanas pero el tiempo no lo permite.
Una vez terminamos de recorrer la RN7 desde Tana hasta Toliara y de ir hasta Morondava para ver los Baobabs, queríamos ir al norte de Madagascar para así tener una visión de todo el país, pero después de ver mil y una webs meteorológicas decidimos abandonar la idea.

Uno de los problemas de ir al norte es que no hay tantos lugares para parar como en la RN7 y por lo tanto las jornadas son mucho más largas. Si hasta Toliara son 1.000 km para llegar al norte (Diego Suárez) tendríamos que recorrer 1.300. La carretera no está tan mal, de hecho solo hay un “punto” realmente problemático pero que nos ha hecho imposible el viaje.
Al principio teníamos pensado subir en avión (acabé cediendo) e ir bajando poco a poco y por la costa oeste hasta volver a Tana, pero resulta que hay un punto hacia la mitad del recorrido en el que la carretera está literalmente cortada por la lluvia porque actualmente está haciendo muy mal tiempo en el norte.
Si el año pasado llovió mucho en el oeste (Morondava) y en el este (Manakara) y prácticamente nada o muy poco en el norte; este año han cambiado las formas y prácticamente no ha llovido nada ni en Morondava ni en Manakara (en ambos sitios están “suplicando” lluvia), mientras que en el norte no para de llover.
Por este poderoso motivo hemos decidido abandonar la idea de ir al norte, una pena; y ahora nos encontramos con un exceso de días en Madagascar. Así que los días que estuvimos en Antsirabe, esta segunda vez, decidimos rehacer un poco el itinerario y no jugárnosla yendo al norte.

Después de hablarlo y pensarlo, decidimos ir al este, en concreto a Manakara, tampoco tenemos muchas más opciones porque, por supuesto, no íbamos a volver al sur. Christoph estuvo aquí 3 noches y nos dijo que le había gustado mucho.
Manakara es conocida por ser el principal pueblo de la costa este y porque está unido con Fianarantsoa por el único tren que todavía circula por Madagascar, muchos turistas vienen aquí única y exclusivamente por hacer el viaje en tren.
Fianarantsoa se encuentra a 5 horas en taxi brousse de Manakara, el tren normalmente tarda unas 12-14 horas pero también “normalmente” tarda 22-24 horas… es el único tren de Madagascar, circula desde hace más de 70 años y tal y como lo dejaron los franceses, así que lo único que me extraña es que todavía circule, tiene muchas averías, para en muchísimos sitios, en cada parada suben y bajan mucha mercancía, así que todo se prolonga mucho, sin ir más lejos unos de los últimos turistas que estuvieron en el hotel que nosotros estamos ahora, tardaron en el tren 22 horitas… nos contaron los dueños del hotel que al principio el tren les resultó divertido pero que al final.
Aunque Carina lo propuso varias veces (mitad en serio, mitad en broma), a mi ni se me pasó por la cabeza, yo le decía que la esperaba tranquilito en Manakara y que incluso la iba a recoger a la estación…
De camino a Manakara se encuentra el Parque Nacional de Ranomafana…
Como teníamos que volver a recorrer una parte del camino que ya recorrimos al ir al sur y al volver, esta vez decidimos hacerlo un poco más cómodo y alquilar un coche, por lo menos para el viaje de ida, a parte de ir más cómodos, disfrutar más del paisaje y parar todas las veces que quisiésemos para sacar fotos, no tendríamos que pasar por Fianarantsoa. Así que hablamos con Pascal y nos presentó a un amigo que nos podría llevar, llegamos a un acuerdo con él y quedamos en salir al día siguiente en dirección a Ranomafana.
Íbamos con la intención de dormir en el pueblo y al día siguiente ver el parque nacional, pero al llegar vimos los precios del parque y del guía y definitivamente decidimos que no lo veríamos; además nos encontramos con un padre y su hijo que lo acababan de ver y nos dijeron que no esperásemos nada espectacular y que no habían visto muchos animales; esa fue la puntilla. Por el precio de 3 horas en el parque podremos dormir 4 noches en Madagascar…
Cambiamos el parque por una visita a las aguas termales que hay cerca del mismo, básicamente es una piscina de agua caliente, tirando a templada, es decir, la mezclan con agua fría. Sobra decir que estábamos solos en la piscina con unos cuántos locales, la piscina tenía unas bonitas vistas, Carina también aprovechó para darse un masaje.

Al terminar nos fuimos a ver un pequeño parque de plantas y árboles endémicos de Madagascar, donde pudimos ver al que hasta ahora es nuestro último camaleón. Desde allí nos fuimos directamente para Manakara.
El camino es precioso, muchísimo verde, muchísimos campos de arroz y todo eso hace un gran contraste con las casas color rojizo donde vive la gente, un espectáculo.
Manakara fue para mi una sorpresa, me esperaba algo más auténtico, más pequeño, en otras palabras un pequeño pueblo con “encanto”, pero el recibimiento fue más bien frío.
El pueblo consta de dos partes, una que es el centro el pueblo y otra que se sitúa en la playa; ambas están separadas por un canal artificial, el Canal de Pangalanes.
Este canal artificial estaba cruzado por un puente que se colapsó en 2012, porque cuando le estaban haciendo unas obras de mantenimiento, un camión que no debía de pasar, lo intentó y el puente se hundió definitivamente (así son los malgaches) y ahí quedará para siempre. Mientras lo reparaban construyeron otro, muy, muy básico y ahora es el puente principal, qué ya veremos cuanto dura.
En la playa sopla mucho viento, así que hay una corriente tremenda y está prohibido el baño, de hecho no hay nadie en ella, yo creo que solo van los turistas a pasear, frente a la playa hay muchas casas coloniales totalmente abandonadas, en algunas vive gente aunque están en un estado lamentable y que en cualquier momento se pueden caer, pues en esta zona están parte de los hoteles, los demás se encuentran en el centro, después de ver aquí varios hoteles nos decidimos por uno en el centro; al no haber turistas, los hoteles están vacíos y al estar lejos del centro nos íbamos a encontrar muy “aislados”.
Gerard y Patricia son extraordinarios, somos los únicos huéspedes del hotel y nos están tratando de manera increíble y con mucho cariño, sobre todo ella que se ríe muchísimo con Carina. Así que aquí pasaremos los próximos 4 días con ellos; por cierto, tienen un restaurante en el hotel y se come de maravilla y a un precio increíblemente barato que no habíamos encontrado hasta ahora en Madagascar.


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