Fianarantsoa
Es curiosa la percepción del tiempo, unas veces un minuto es una eternidad y otras veces doce horas pasan en un suspiro…
Esto último fue precisamente lo que nos ocurrió ayer. Volviendo a nuestros inicios cogimos un taxi brousse desde Toliara hasta Fianarantsoa (mitad de camino en nuestro regreso a Tana), nos dijeron entre 8 y 10 horas pero fueron 12; el motivo fundamental es que por primera vez el taxi no estaba lleno por lo que iba cogiendo gente por el camino; eso implica una demora de unos 15 minutos en cada parada ya que la persona tiene que subirse al taxi y para dejarla pasar unas 5 se tienen que bajar primero, al mismo tiempo hay que subir su “mercancía” al maletero (techo) y todo eso con el “moramora”, lleva su tiempo; pero es muy interesante verlo.
Una vez que haces el recorrido central por la RN7 que te lleva desde Tana hasta Toliara, tienes que volver y para eso hay varias formas. Coger un avión, la más rápida y cara, volver en taxi brousse, la más lenta y barata o intentar conseguir un 4X4 de los que vuelven a Tana porque sus ocupantes cogen el avión de regreso, es decir, no vuelven en coche, eso fue exactamente lo que hizo Christoph, por ejemplo.
La primera opción la descarté tajantemente, por varias razones, aunque Carina quería intentarlo; primera, el vuelo es muy caro aunque solamente dura media hora, segunda y fundamental, la compañía funciona muy mal, de hecho está a punto de quebrar, aquí no creen que llegue hasta el verano, por lo que te arriesgas a comprar un billete y que el vuelo se retrase, se vuelva a retrasar e incluso que se cancele y entonces te quedas sin vuelo y habiendo perdido mucho tiempo.
La segunda opción es un poco paliza y queríamos evitarla, por lo que intentamos la tercera; pero finalmente no encontramos ningún 4X4 que volviese a Tana, estamos en temporada baja y sería mucha casualidad encontrar alguno.
Finalmente tuvimos que optar por el taxi brousse, pero la jugada no nos salió nada mal…
Para que no se hiciese tan pesado el viaje, cambiaríamos de táctica, ahora que sabemos como funciona, intentaríamos viajar delante con el conductor, hay dos sitios; así tendríamos todo el paisaje delante nuestra y podríamos disfrutarlo mucho más. Para ello, fuimos el día anterior a reservar sitio y finalmente conseguimos sentarnos delante, además el taxi no iba lleno y el conductor era muy agradable y tranquilo conduciendo, así que hicimos un viaje muy placentero y pudimos disfrutar mucho de las vistas por lo que el viaje de 12 horas se convirtió en casi un “suspiro”, además hacíamos una corta parada cada 2 horas y media aproximadamente. Salimos a las 8 de la mañana y llegamos justo anocheciendo.
Hemos elegido muy bien las paradas cuando hicimos el recorrido a la inversa, ya que ahora vamos a parar en ciudades en las que antes no paramos así que prácticamente vamos a ver todas las del recorrido.
Fianarantsoa nos la saltamos porque es una ciudad “grande”, exactamente del tamaño de Vigo, alrededor de 300.000 habitantes si hablamos del centro y 500.000 si contamos los alrededores. Pero como esta vez nos vimos “obligados” a parar descubrimos que tiene una ciudad vieja sencillamente hermosa, qué maravilla!, nos encantó.
Carina, una vez más, acertó en la elección del hotel que a parte de ser muy bueno y barato, se come de maravilla (estoy muy sorprendido de lo bien que se come en Madagascar, estoy disfrutando un montón) y estaba perfectamente ubicado. Así que hoy por la mañana nos levantamos con calma porque aunque ayer el viaje fue cómodo y agradable, llegamos “muertos”… 12 horas en un taxi brousse son… muchas horas… una vez preparados nos fuimos a ver la parte vieja que está a 10 minutos andando del hotel, justo a la entrada encontramos un pequeño restaurante con muchísimo encanto y allí nos detuvimos a desayunar. Qué gozada y disfrute, uno de esos momentos en los que te sientes de maravilla, precioso entorno y mejor desayuno.
Después de hora y media, desayunando y disfrutando, nos fuimos a pasear por la ciudad vieja, al salir del restaurante, como no podía ser de otra forma, nos estaba esperando un guía para enseñarnos la ciudad y aunque al principio nos mostramos reticentes, preferíamos ir a nuestro aire, al final aceptamos que fuera nuestro guía.
Julien habla inglés, francés, italiano y español, tiene 18 años y aprendió todos los idiomas en el colegio, lo que estando en el país que estamos me parece algo increíble. Está estudiando turismo y quiere llegar a obtener el certificado de guía nacional. Totalmente admirable, por eso al final accedimos a que fuera nuestro guía, nos dijo que el trabajo le ayudaba a pagarse los estudios y por supuesto nosotros queríamos ayudarle.
Fianarantsoa significa algo así como “donde aprendes lo correcto”; lo cierto es que hasta ahora no vimos tantos colegios, tantas universidades, ni tantos niños uniformados yendo al colegio, como en esta ciudad. Durante el recorrido con Julien fuimos a ver lo que antes era el palacio de la reina y ahora es un colegio público, está en lo alto de la colina y con unas buenas vistas sobre la ciudad. Le pregunté que había pasado con el palacio y me contó que era de madera y se destruyó en un incendio.

Una cosa que me llamó muchísimo la atención fue que en el patio donde jugaban los niños antes de entrar en clase, aún se conservaba la piedra donde se decapitaba a la gente. Me pareció algo asombroso; varios siglos después en un lugar donde se sacrificaban personas, ahora se enseñaba y educaba a los niños, totalmente ajenos a lo que pasó allí unos siglos antes.
Después de este recorrido por la ciudad vieja, nos volvimos al hotel a descansar, ya era mediodía y hacía bastante calor. Habíamos decidido que ya no necesitábamos ver nada más de Fianarantsoa, porque nada iba a superar lo que habíamos visto. Así que nos pasamos buena parte de la tarde disfrutando de los jardines del hotel.
Antes de cenar nos fuimos a reservar el taxi brousse para la siguiente etapa, que será de 6 horas…





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