Ambositra
Recomendación: elegir siempre pueblos de menos de 50.000 habitantes.
En el recorrido que vamos a hacer nos saltamos Antsirabe, dicen que está bien, pero no deja de ser una ciudad de 200.000 habitantes, para nosotros demasiados, así que por ahora lo evitamos. Muchos turistas vienen aquí directamente, en lugar de quedarse en Tana y la establecen como punto de partida de sus viajes por Madagascar.

Ambositra tiene 30.000 habitantes y es famosa porque aquí se trabaja la madera. Se hacen cosas espectaculares como pudimos comprobar.
El viaje desde que dejamos Tana va ganando en belleza, campos de arroz en todas direcciones, cerca, lejos, en una montaña, en un valle, pegados a la carretera y mucho, mucho verde, así que el paisaje es todo el rato fascinante.
En cuanto a la carretera sucede todo lo contrario, cuanto más nos alejamos de Tana va ganando en baches y éstos cada vez más grandes.
Hoy nos levantamos y nos fuimos a recorrer el pueblo. En los países pobres la gente vive en la calle y una vez más lo pudimos comprobar. El pueblo nos gustó mucho, es en sí mismo un mercado, a lo largo de toda la acera hay puestos y te vas encontrando con todo tipo de cosas, la gente anda por la calzada, así que los coches muchas veces tienen que ir esquivándolos. Lo recorrimos entero y lo disfrutamos los dos muchísimo, nos encantó todo lo que vimos, son los tipos de pueblos que nos “encantan” visitar, no muy grandes y que prácticamente todo el pueblo se mueve alrededor de una o dos calles principales.

Una vez visto el pueblo nos fuimos en busca de los puestos donde venden la madera trabajada. Qué obras de arte! me quedé alucinado; en uno de los puestos, la chica, muy amable, nos dio la dirección para que pudiésemos ir a ver como la trabajaban, así que cogimos un taxi y para allá que nos fuimos.
Estas pequeñas “fábricas” están en las afueras, en realidad son cuatro paredes con ventanas; para ser claros, como si fuese un “establo” pequeño y dentro había 5 chicos sentados sobre un montón de restos de madera. Uno hacía grandes figuras (unas tres semanas en terminar una), otros hacían figuras medianas (unos 5 días en terminar una) y por último, los otros hacían pequeñas tallas. Me llamó la atención lo pequeño que es el sitio donde trabajan la madera, me los imaginaba un poco más grandes, son casi caseros.

Allí estuvimos una buena hora, es un espectáculo verlos, para mí son verdaderos artistas, estaban haciendo las tallas sin ninguna referencia, no tenían ninguna foto, ni nada de lo que guiarse, todo estaba en sus cabezas.
Al terminar la visita nos volvimos al hotel y de allí a la estación de autobuses a encontrar un taxi brousse que nos llevara a nuestro siguiente destino.
Nada que ver con Tana, aquí la invasión fue muchísimo menor, enseguida encontramos un taxi y a la media hora estábamos en camino, a los cinco minutos de salir, paramos y el conductor se baja, mira la rueda delantera derecha y… pinchamos; justo en ese momento empieza a caer una tromba de agua (en general duran poco y esta duró 5 minutos); empieza a cambiar la rueda y nadie se mueve, no se baja nadie y yo empiezo a pensar, ¿de verdad va a cambiar la rueda con todos dentro?, pues yo me bajo, le digo a Carina; pero justo en ese momento, poco a poco, todo el mundo se empieza a bajar.
Moramora (malgache), pole pole (swahili), piano piano (italiano), a modiño (gallego)… todos quieren decir lo mismo… con calma.

Pero si la rueda no está pinchada!, entonces serán los frenos (esto es lo que iba pensando yo) al final desmontó todo y eran los rodamientos de la rueda, los cambian y en una hora estábamos de nuevo en camino. Alucinante, teníais que ver la caja de herramientas y las herramientas, todo de película, pero parece que son muy eficientes porque llegamos todos sanos y salvos a nuestro destino, con hora y media de retraso eso si. El propio conductor, un chaval joven reparó todo, vamos como haríamos cualquiera de nosotros llegado el momento.
Si nosotros metemos uno de nuestros coches por estas carreteras, del segundo bache no sale, aquí los coches se caen a trozos, las ruedas más lisas que una pista de patinaje, llenos hasta los topes de gente y aguantan todo lo que les echen… toquemos madera para que continúen así, porque es alucinante los baches que hay, ya no son baches; son agujeros, donde se mete el taxi brousse entero y luego vuelve a salir, como lo leéis.
Otra cosa que nos está llamando la atención es la cantidad de controles que hay en la carretera, tanto es así que hemos preguntado el motivo y nos han dicho que es para controlar la gente que llevan en los taxis y les multan si llevan de más; pero no les debe importar porque siempre llevan de más. De todas formas no se si será la verdadera razón porque desde entonces me estoy fijando y no he visto que les den dinero a los polis.

Entonces ocurrió uno de esos momentos por los que a mi me “enamora” viajar.
En el centro de Madagascar, noche cerrada, en un bosque húmedo, con una lluvia muy, muy ligera… tres linternas… en busca de… camaleones… sin palabras, hay que vivirlo!. Era como jugar al escondite, tuvimos la suerte de que debido a la lluvia caída los camaleones estaban en la parte baja de los árboles, durmiendo y llenos de gotas de agua, en las fotos se ven muy claras, aquí al bajar la resolución no se aprecian.
Vimos unos 10 de todos los tamaños y cada cuál más bonito que el anterior, una maravilla!.
También vimos un dwerf lémur, que es dificilísimo de ver en esta época y un mouse lémure, éste con una pequeña “trampa”, le pusimos un poco de plátano, que para ellos es el equivalente al queso para los ratones y… acudió a la llamada!! Por último vimos unas ranas muy, muy pequeñas y sus huevos, ya que están en época de cría.
Bienvenidos al Lemure Forest Park!

Después la persona que cuida el campamento, que es la misma que nos llevó a buscar los camaleones, nos preparó la cena y cenamos los tres juntos, con muchos temas de conversación.
Final fantástico para un día fantástico, días como éste son los que te hacen disfrutar a tope de la vida.
Ahora estamos durmiendo en una tienda muy bien preparada, toda de madera, en medio de un bosque y solo nosotros en el campamento, no hay nadie más; y solo oyes alguna que otra gota que cae sobre la tienda, el resto es un silencio absoluto, haces un repaso del día y piensas: hoy ha sido uno de esos días que merece la pena vivir, que maravillosa experiencia!.
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